Confusiones caseras
Todos somos humanos, de eso no tenemos dudas, y los humanos nos confundimos. Si hasta tenemos un refrán que nos lo dice en latín, por si no entendemos la lengua vernácula: Errare humanum est.
Algunos errores pueden hacer caer la bolsa japonesa, otros pueden provocar que llegues una hora tarde a algún sitio, también los hay que no tienen consecuencias y llegan a resultar divertidas.
Me encantan esas confusiones que ocurren en casa al llevar a cabo acciones que repetimos a diario, por la mecanización del acto en cuestión no prestamos la debida atención y al minuto nos estamos riendo. ¿No saben de qué les hablo? Tres ejemplos:
Nos tomamos un yogur y, por supuesto, nos lo acabamos. Hay que recoger, así que tiramos la cucharilla a la basura y el vaso del yogur lo dejamos en el fregadero.
Estamos hablando por teléfono con alguien y la conversación se acaba, así que para colgar el teléfono apagamos la televisión o el monitor del ordenador, lo que tengamos al lado.
Nos lavamos los dientes y ya hacemos las gárgaras para quitarnos la espuma de la pasta de dientes, cerramos el grifo dándole al interruptor de la luz.
¿Me siguen? El otro día estuve recordando varias de estas confusiones con mis amigos, pero como no las apunté en ningún lado, me olvidé de casi todas. Si quieren, dejen alguna en los comentarios.