Hoy me encontré con un vecino del primer piso y su hija pequeña en el ascensor. Su hija pequeña es muy pequeña (aún va en carrito), y como casi todas las hijas pequeñas del mundo, tiene unos ojos enormes.
Durante el viaje en ascensor (un sólo piso) dejó de mirarme, me observó muy fijamente, y cuando digo
muy lo digo con toda justificación, ni siquiera parpadeó (es un buen momento para hacer notar que el ascensor de mi portal no es excesivamente rápido, y además tarda mucho en abrir y cerrar la puerta).
Es algo que me extrañó, yo tendría que haber parpadeado tres o cuatro veces (aunque no lo hice, le estaba aguantando la mirada) mientras la chiquilla simplemente me observaba, como si no supiese que tenía que hacerlo.
Entonces recordé. No recuerdo qué edad tenía, pero creo que aún no había empezado en la clase de párvulos. Me encontré a mi padre (o a mi hermano) en el pasillo y vi que cerraba los ojos durante un tiempo pequeño, me sorprendí. Lo seguí observando y vi que lo volvía a hacer una vez, y otra. Entonces le pregunté que por qué cerraba los ojos. Me respondió que parpadeaba.
Tres hechos a destacar de esa experiencia:
- A partir de entonces fui consciente de que yo también parpadeaba
- A partir de entonces soy capaz de controlar los músculos para cerrar los ojos
- A partir de entonces soy consciente de la existencia de hechos involuntarios (como el parpadeo o la respiración)