El
ViaVoice es un programa de reconocimiento de voz, es decir, uno de esos que cuando hablas por el micrófono escriben en el procesador de textos lo que dices.
Hace un tiempo mi hermano lo instaló y se puso a probarlo. Se le ocurrió mirar qué ocurriría si en vez de dictarle en castellano, que es el idioma para el que estaba preparado el programa, le dictaba algo en gallego. Lo que le dictó fue el himno de Galicia, y esto es lo que le el ViaVoice escribió:
Y no de Galicia,
texto de El Pardo Condal.
Que dignos rumor osos
en la costa de hacer frente
a ahorra y otras carente
ofrecido el lugar.
Que sí altas cotas
de es curó a bromear estado
poso en compases pensado
monótono fundar.
2 se operador escindido
en de benignos astros
confín de los verdes cabestros
el valeroso echar.
No en desees que cemento
de asesoría borde encono
despertado todos uno
hogar de droga han.
El himno de Galicia (o Galicia la Mancha, como dicen los chistes) lo pueden leer
aquí.
Supongo que al programa le faltaba algo de entrenamiento, porque hay palabras que debería haber escrito mejor. Cuando digo entrenamiento me refiero al proceso por el cual mi hermano se pasaba tiempo y tiempo leyéndole el Quijote de la Mancha (Castilla, esta vez) al ordenador para que el programa en cuestión se acostumbrase a su forma de hablar.
Ahora hay algunos programas que se entrenan de un modo más literal para resolver los problemas para los cuales son programados (si se pusiesen a resolver otros problemas los programadores se llevarían una grata sorpresa). Estos programas emplean redes neuronales, para entrenarlos los ponen a resolver el problema en cuestión varias veces para que vayan "aprendiendo" cuál es la mejor forma de encontrar la solución. Con este método se hizo un programa para jugar a las damas que sólo era capaz de derrotar, en ocasiones, un anciano de 83 años que vivía en China, aunque ahora el anciano creo que murió y la máquina permanece invicta desde entonces.
Ni que decir tiene que algunos programas de ajedrez emplean también redes neuronales, aunque este no es el caso de la máquina más famosa,
Deep Blue. Esta máquina tenía muchas jugadas almacenadas y lo que hacía era una comparación entre sus mejores jugadas y las contestaciones posibles de su rival, Kasparov, escogiendo la opción óptima para ganar la partida; un desperdicio de recursos.